Marie, lumière d'espoir!

Ramón Santoyo Reyes

JMU QRO, México

"Yo coroné a María. Desde inicios de año, había tomado como propósito reconquistar mi santuario habitación, comenzado a pintarlo, a reordenarlo… A pasar más tiempo ahí. No tenía ni idea que, debido a la pandemia me vería forzado a encontrarme con La Mater cada vez más. Mi cuarto pasó de ser un lugar de descanso del que muchas veces rehuía, a ser un espacio de encuentro con Dios, de trabajo, de acogimiento. Sentí y sigo sintiendo como María me grita y me llama a la transformación… ¡Desde mi cuarto! Era el momento de coronarla, pues la corona la tenía ya desde hace años, y luego surgió la corriente. Era un pequeño milagro que Dios me daba. Durante la misa, mi mama y hermana no habían querido unirse pues no son Schoenstattianas. Bajé con mi celular y le subí al volumen, me puse cerca de ellas. –“Miren, ¡es en varios idiomas!”- Comentaba. Pasado el rato mi hermana vino conmigo y presenciamos la misa juntos. Ya casi al final, poco antes de la coronación mi madre pasó por mi cuarto y decidió unirse. Al concluir, todos coronamos a nuestra Reina. María ha velado por la salud de mi familia, nos ha acompañado en la construcción de vínculos que habían sido heridos con la muerte de mi papá. La coronación de María fue para mi la entrega de todos estas gracias por el bien y la salud del mundo."

“Cuando la OMS declaró la pandemia, no era consciente de la trascendencia de la situación que estábamos viviendo. La incertidumbre sobre el CoronaVirus, sus consecuencias, el contagio, las decisiones políticas.. Hacían que cada día fuera un aluvión de noticias que me quitaban la paz. Cada vez que una situación me supera, la primera persona a la que voy a contarle mis "historias" es a la Mater... Pero si estoy confinada, ¿cómo acudir a Ella? 
Como Madre que es, no tardó en cuidar de sus hijos. El 14 de marzo empezó el confinamiento en España y el 18, toda la familia española la coronamos como Reina de la Salud Física y Espiritual. Fue una ceremonia muy sencilla (nos estrenábamos en las celebraciones virtuales) pero marcó un antes y un después. Redescubrir el Santuario Hogar, reunirnos con más frecuencia con nuestro grupo de vida, poder "asistir" a misas con Padres de Schoenstatt... Personalmente veo que la Mater empezó a preparar mi corazón, fue como el prólogo de lo que viviríamos un mes más tarde.  Al poco tiempo, nos llegó la noticia de la coronación Internacional: Schoenstatt de todo el mundo se uniría para decirle a María "confiamos en ti y te hacemos Reina de toda esta situación"...
Es difícil plasmar todo lo que viví esos días, pero podría resumirlo en tres palabras: la primera es familia. Sentir de forma real que éramos una familia unidos en Jesús y la Mater, cada uno con su estilo, idioma, canción... Todos estábamos allí, en el Santuario Original. La segunda es vivencia. Con la coronación reviví momentos especiales y maravillosos: misiones, campamentos, JMJ, jubileos, coronaciones... Atesorados en mi corazón y que estaban muy escondidos... Y la tercera es agradecimiento. Siento un profundo agradecimiento al Padre Kentenich: por su sí aquel 18 de octubre de 1914, por enseñarme que no hay mejores brazos a los que acudir que a los de la Mater, quién nos lleva directos a Jesús, por regalarme una familia que traspasa cualquier frontera física y a la que me siento muy unida.
La coronación fue renovar mi sí a ser hija de Dios, a ser hija de María y a Schoenstatt. 
Sé que Ella se glorificará a nivel mundial, pero en mí, ya lo ha hecho.” 

Rocío Erdmann
Rama Profesionales, Barcelona, España

Familia De Mestral Galilea
Rama de Familias, Asunción, Paraguay

“María llegó a mi vida a los 11 años, pero la olvidé poco después. Luego, estuvo presente en un momento de inflexión en mi vida a los 24 años. Pero volví a dejarla ir. El trabajo, las actividades sociales, el estudio... Todo era más urgente que conectar con ella y la relación se enfrió. 
Pero mi mundo tocó fondo cuando hace 2 años a más de mil kilómetros, recibo una llamada. Era mi marido, anunciándome que mi hijo estaba grave. Éste había sido mi segundo embarazo y por ende, que hubiera llegado a término era una victoria. Pero al año de vida, se extinguió. 
El vuelo de vuelta a casa lo hice cerrando los ojos, entre llanto y oración. Como era de esperar, recurrí a una fiel amiga, la Mater. Ella estaría ahí para acompañarme durante el viaje al aeropuerto, durante el vuelo y al regalarme la compañía de una incondicional amiga.
Llegué una madrugada fría a mi ciudad y me condujeron urgente hasta el hospital. Mi hijo esperaba en la UCI, conectado al respirador. Le dije; ‘Hijo, volá alto. Te amo hasta el infinito. Nos vemos cuando el Padre lo disponga’. Imaginé que la Mater le cantaba y que los ángeles se lo llevaban.  
Luego, como sucedió con Ella, me entregaron a mi hijo en una sábana. Le destapé el rostro y sentí que estaba debajo de la cruz. A continuación, descendí del piso de la UCI hasta el subsuelo para llevarlo a su descanso final y sólo pensé, ‘Dios mío porqué me has abandonado’. 
Ahí la volví a imaginar. Bajé la cabeza y respiré profundo. Ella lo había hecho antes, podía contar con sus palabras como ungüento. Del día del entierro vale recordar que fuimos a misa. Mi marido y yo le pedimos a la Mater que no nos soltara de la mano. Y ella como Madre y Reina lo cumplió. Dos meses después, me embaracé por tercera vez. Nos unimos como matrimonio a la rama de familias de Shoenstatt y empezamos a caminar de la mano de otras familias del Movimiento. El tiempo pasó y se cumplieron los 9 meses de embarazo. A diferencia de los anteriores, no hubo reposo ni riesgos.
Ella estuvo al pie de mi cama en el hospital y Benja nació entre oraciones. Desde entonces, lo suelo repetir: antes era católica por tradición y ahora con Ella, lo soy por convicción. Benja fue consagrado a la Mater, es un niño sanísimo y sumamente cariñoso. 
La Coronación mundial llegó a casa en un momento de mayor compromiso con la Mater. Mi marido, confeccionó la corona con pulseras que tenía y la recibimos rezando el rosario con Benja. Haber escuchado cómo la veneran me abrió los ojos. ¡Cuán querida es María! Días antes de la Coronación empezamos a recibir regalos en nuestra familia. Más cariño en el trato, más templanza para atravesar los desafíos laborales y mayor confianza en que todo estará bien. Como legado de la Coronación, emprendimos el proyecto de rezar el rosario todas las noches hasta día de hoy y vemos como desde el rezo del rosario Ella como Madre y Reina conduce nuestro día.
¡Gracias Mater por permitirme sentir lo que vos sentiste y poder en algo, aunque sea pequeño, parecerme a vos! Cuando pienso en el cielo, imagino que allí estás con mi hijo, desde donde esperás que dé fe de tu amor y de tu esperanza. Te quiero Mater. “

El 1 de noviembre de 1992 nuestra MTA recibió su corona y cetro en nuestro Santuario Hogar, “Gracia Transformadora”. La coronamos en agradecimiento por su poderosa intercesión que nos llevó a encontrar nuestro nuevo hogar en Staten Island.  
A lo largo de los años, nuestra Santísima Madre ha demostrado ser una presencia muy activa en nuestra vida familiar, especialmente cuando nuestros esfuerzos humanos se han agotado. Éste año a finales de marzo no fue diferente. El 28 de marzo, sólo tres días después de que coronamos a nuestra MTA, en la Coronación de USA como Reina de Nuestra Salud, mi esposo, Efraín, fue hospitalizado por complicaciones respiratorias relacionadas con el Covid-19. Cuando lo dejé en la sala de emergencias del hospital, le dije que tuviera una seria charla con nuestro Padre Dios y la Virgen María y que suplicara su misericordia y la protección y victoria de nuestra MTA sobre esta prueba. Nuestra familia,  hijos ya adultos y los preciosos nietos, junto con nuestra familia schoenstattiana y muchos hermanos y hermanas en Cristo se unieron en la oración por la curación de Efraín. 
El 7 de abril, Efraín fue dado de alta en nuestra casa, aún no al 100% todavía, pero fue ganando fuerza y función pulmonar hasta que ya no requirió el uso de oxígeno (también imploramos la intercesión del P. Kentenich). El 15 de abril, junto con nuestra Familia Internacional de Schoenstatt, coronamos con alegría a nuestra MTA una vez más en el espíritu de gratitud por la curación y la restauración de Efraín. Una de las mayores alegrías de esta experiencia fue compartir las oraciones con confianza de niño, de nuestros queridos nietos, otra generación bendecida con una esperanza expectante en la intercesión de nuestra MTA. Esta vez nuestras nietas participaron con gran felicidad agradeciendo a nuestra MTA y a Jesús porque su "Papá" ya se siente mejor y por estar de nuevo en casa con nosotros! 

Familia Ortiz 
Rama familiar, Nueva York, EE.UU.

UN PROJET DE

Am Marienberg 1

Vallendar, Deutschland

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